Maslow y la pirámide de necesidades del usuario

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Por mtp

Entre los años 50 y 60, el psicólogo Abraham Maslow elaboró una teoría que se ha ganado un lugar en el imaginario de todos nosotros, usuarios con necesidades que satisfacer. Planteó que, independientemente de la edad, el género, la raza o la situación vital, existen algunas necesidades básicas que toda persona debe tener cubiertas. Y volcó esta teoría en forma de una famosa imagen, la de una pirámide con 4 escalones.

En la base de la pirámide situó las necesidades fisiológicas (respirar, comer, dormir…); un escalón más arriba, la necesidad de seguridad (integridad física, la familia, el trabajo…); por encima de ésta, la pertenencia (sentir una conexión con otros seres humanos). Los dos últimos escalones de la pirámide son la autoestima y la autorrealización (ser creativos, resolutivos, tener un código moral…), estos últimos solo alcanzables cuando se han cubierto las necesidades más básicas.

¿Qué tiene que ver la pirámide de Maslow con la Experiencia de Usuario?

Lo cierto es que al diseñar interfaces lo hacemos para seres humanos, lo cual implica que podemos relacionar estos conceptos. En su libro “Designing for emotion”, Walter Aarron ya trajo a colación el paralelismo entre la famosa pirámide de necesidades de Maslow y las necesidades de un usuario. Según él, la pirámide de necesidades de un usuario debería, de la base hacia la cima, presentar los siguientes rasgos: funcional, fiable, usable, placentero.

Lo más básico que debe tener una interfaz es ser funcional.

Es decir, que el usuario pueda cumplir la tarea para la que ha entrado. Si no consigue terminar su tarea, se irá y no volverá. También debe ser fiable: el usuario debe sentir confianza en que la interfaz funcionará siempre que lo necesite (imagina un banco que se caiga en mitad de una operación). Si es funcional y fiable, el siguiente paso lógico es que sea usable: fácil de aprender, fácil de interpretar… en definitiva, que la tarea sea lo más sencilla e intuitiva posible de cara al usuario.

Pero existe un rasgo que distingue una interfaz de una gran interfaz, una interfaz con buena experiencia de usuario de la que no: que la experiencia sea placentera. Es la clave para que los seres humanos sean felices, y también la clave para hacer felices a los usuarios.

Sí, es indudable que podemos ser felices únicamente cumpliendo los tres últimos escalones de la pirámide de Maslow, pero será en los estratos más elevados cuando conseguiremos vivir una vida plena. Del mismo modo, podemos tener interfaces que solo sean funcionales, pero si además son fiables, usables y la experiencia que aportan es placentera, es cuando conseguiremos emocionar a los usuarios y presumir de UX.

Fuente: AARRON, Walter: Designing for emotion (2011).


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