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La aceptación de la ‘nueva normalidad’

Normalidad MTP

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Noelia Jareño, RRHH de MTP
Noelia Jareño, RRHH de MTP

Poco a poco estamos recuperando nuestra rutina, pero en bastantes aspectos dista mucho de cómo era antes del confinamiento.

Esto está generando emociones de todo tipo que es normal sentir y que nos están ayudando a adaptarnos a esta situación. Podemos sentir tristeza, frustración, incertidumbre, miedo o ansiedad, unido a manifestaciones como sensación de ahogo, taquicardias, falta de concentración, mareos, náuseas, dificultades para dormir…

Estamos viviendo una situación frente a la que no podemos hacer nada, de ahí la importancia de aceptarla. Aceptar una situación adversa no es sinónimo de resignarse, si no de centrar toda nuestra energía y esfuerzo en aquello que sí controlamos y, por tanto, nos orienta  a encontrar una solución.

Carl Jung, uno de los psicólogos más importantes de la historia de la Psicología decía: «Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, te transforma».  Y es que la persona que se resigna tiende a acomodarse y a no hacer nada, una postura que implica sufrimiento. Mientras que la persona que acepta, a pesar de que la situación sea desagradable para ella, adquiere un papel activo en su vida y empieza a tomar medidas ante la situación. Cambiar el ‘¿por qué me pasa esto a mí?’ por ‘¿para qué me pasa esto a mí?

A continuación os dejo un cuento de Jorge Bucay que ilustra lo que menciono anteriormente.

“Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas.

Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar. Una de ellas dijo en voz alta:

 – No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”. Dicho esto dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizá más tozuda, se dijo:

– ¡Uff… No hay manera! Nada se puede hacer por avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente”.

¿Cómo podemos desarrollar la aceptación?

Noelia Jareño

Psicóloga. Departamento de RRHH de MTP

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